DESPIDOS INJUSTIFICADOS POR PARTE DE LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA CIUDAD DE MÉXICO



Ciudad de México.- “Con mi despido, la Secretaría de Cultura de la ciudad de México, termina así, de un plumazo burocrático, un proyecto de más de 15 años de trabajo con temas como poesía en el rock, contraculturas y poesía de mujeres. Exijo una explicación pública” señala Juan Carlos Castrillón, egresado de la escuela de escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México), fundador del Colectivo “La Decena Trágica”. Alumno de los poetas Óscar Oliva, Roberto López Moreno, de los narradores Luis Carrión y Gonzalo Martré, del dramaturgo Hugo Argüelles, y del poeta Saúl Ibargoyen quien en vida le heredó el grupo poético Juntaversos. 

Juan Carlos Castrillón es autor de cinco libros de poemas: Datura, Cuaderno de Poeta en Sexto Año, Cantos del Puerto -editorial Eterno Femenino- y Blues de Amor y Odio. Una novela: Homónimo, Treinta Minutos por segundo para Mirarte y no Entender –editorial Eterno Femenino. Y un libro de cuentos: Mejor Arder que Irse Desvaneciendo.  También es autor de las antologías Árbol en Llamas (poetas contemporáneos) y La Subversión Poética del Rock (traducciones y ensayos) ambas en Sediento ediciones. Cuenta con el CD. Clandestinos y Nocturnos; y hasta hace unos días, impartía el curso Culturas, Contraculturas y Subculturas, y Poesía de Mujeres en el Siglo XX en América. En 2012 ganó el premio de poesía de la editorial Tinta Nueva por su libro Mezcal; además algunos de sus poemas están incluidos en la antología Outrage, editada por Slough Press en los Estados Unidos.

Currículum que no le alcanzó para sostener la arrogancia de Isabel Márquez, de quien se desconocen sus credenciales, actual encargada del Centro Cultural Xavier Villaurrutia, ubicado en la glorieta del Metro Insurgentes en la ciudad de México.
Desde la administración pasada únicamente se firmaban contratos por tres meses y había el profesionalismo para llevarlo a buen término. Pese a que Castrillón tiene contrato firmado desde febrero, para laborar los próximos tres meses, éste no le fue respetado y sin explicación alguna, fue despedido.


En el Centro Cultural Xavier Villaurrutia, nadie sabe cuál es el perfil académico de Isabel Márquez, lo único que la identifica es su tendencia “hipster”, dado que destila arrogancia a la hora de relacionarse con el personal a su cargo. Sabe que tiene al apoyo de sus “superiores” o de la “fuerza política” que la llevó al cargo y aunque comete errores, no repara en ellos, no le importa.  Tanto así que cuando Márquez llegó al centro cultural, no hubo un protocolo de presentación, tampoco se presentó con plan de trabajo en mano, ni mencionó jamás los lineamientos de lo que sería la nueva administración del recinto bajo su mando.

De lo anterior se desprende que en la Secretaría de Cultura de la ciudad de México, hay una tendencia a coartar la libertad de expresión y libre pensamiento y todo aquél que no sea afín a su ideología, será expulsado, o como en este caso, despedido sin argumento sustentado, creíble; destruyendo así un proyecto con más de 15 años de trayectoria del cual muchos ciudadanos, citadinos y foráneos, han sido testigos de sus frutos.   


Ante el despojo laboral, el maestro Juan Carlos Castrillón solicita –“Ciudadano: si has sido partícipe de mi trabajo, como profesor en este centro cultural, solicito tu testimonio sobre la calidad del mismo” y añade “¡No a los despidos! No, ignorando el proyecto cultural y el servicio a la comunidad durante más de 15 años. ¡Exijo una explicación pública de la Secretaría de Cultura por mi despido y la terminación de mi proyecto de trabajo!”; enfatizó a la vez que agradeció las muestras de apoyo que ha recibido en redes sociales y en la espera de obtener, sea cual sea, una respuesta y que se valore el trabajo realizado durante tanto tiempo.

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